La Santidad

La santidad no es un privilegio para unos pocos elegidos o genios, sino un camino accesible para cualquier persona en su propio estado de vida. Según el Padre José Frassinetti en su obra “El arte de hacernos santos“, la santidad consiste fundamentalmente en entregarse de todo corazón al servicio de Dios, evitando el pecado y practicando obras buenas según las obligaciones de cada uno. En un sentido estricto, ser santo significa simplemente estar en gracia de Dios, lo cual es absolutamente necesario para la salvación de todo cristiano.

Este “arte” propuesto por Frassinetti se basa en tres medios esenciales para alcanzar la perfección cristiana:

  1. Ofrecimiento total: Consiste en poner en manos de Dios todo lo que somos y tenemos —alma, cuerpo, bienes y honor— para que Él disponga de nosotros según su voluntad.
  2. Correspondencia a las inspiraciones: Debemos escuchar y poner en práctica con fidelidad las luces que el Espíritu Santo pone en nuestro interior para guiarnos.
  3. Obediencia al director espiritual: Es fundamental tener un guía que represente la voz de Dios para evitar engaños del demonio y caminar con seguridad.

Es un error creer que para ser santo se necesitan milagros o penitencias extraordinarias; la verdadera santidad se vive en lo ordinario de manera extraordinaria, cumpliendo el deber cotidiano con amor. Se trata de una decisión personal que transforma la vida en una contemplación constante de Dios, sin importar las circunstancias. La verdadera medida de la santidad es la humildad, pues el alma reconoce que es capaz de todo solo mediante la fuerza de la gracia divina. Finalmente, el arte de ser santo produce una vida alegre y plena, permitiéndonos ser recibidos como los amigos más queridos y privilegiados de Jesús.