REFLEXION DOMINGO Corpus Christi

PENSAMIENTOS PARA EL EVANGELIO DE HOY

    • «Jesús nos habla con ternura cuando se ofrece a los suyos en la santa comunión. ¿Qué más podría darme, mi Jesús, además que su carne en alimento? No, Dios no podría hacer más, ni mostrarme un amor más grande» (Santa Teresa de Calcuta)
    • «Jesús, Pan de vida eterna, bajó del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María Santísima. Pidamos a la Virgen que nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, y a hacer de ella el centro de nuestra vida» (Francisco)
    • «La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: ‘Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él’ (Jn 6,56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.391)

UNA FIESTA PARA DAR RELIEVE A LA EUCARISTÍA, CUERPO Y SANGRE DE CRISTO…

Ahora que esta fiesta se suele trasladar al domingo (empezamos a acostumbrarnos) podemos aprovechar para situarla en su sitio correspondiente. El domingo es el día de la Eucaristía. Así pues, en vez de lamentar que el traslado impide celebrar un domingo “normal”, mejor que nos demos cuenta que celebramos la fiesta en un contexto más apropiado que nos permitirá sacarle todo su jugo.

…Y A LA COMUNIÓN DE LA IGLESIA, CUERPO DE CRISTO… Conviene, además, que no desvinculemos esta fiesta de la que celebrábamos el domingo pasado. Entonces remarcábamos la dimensión comunitaria de la fe, celebrando la comunión que hay en Dios mismo y que él nos da. Hoy de nuevo podemos darle relieve, evitando el repetirnos; porque no podemos olvidar que el Cuerpo de Cristo que celebramos no sólo es el pan ofrecido y transformado por la acción del Espíritu Santo; la Iglesia que recibe este pan eucarístico, por la misma fuerza del Espíritu, queda transformada también en Cuerpo de Cristo.

…Y A LA COMUNIÓN CON LOS POBRES Y debemos relacionarlo todo con la comunión con los pobres. El hecho de que hoy se celebre el “Día de la Caridad” y que hagamos la colecta a favor de Cáritas, nos ayudará a remarcar el vínculo indisoluble entre la comunión eclesial y la comunión con los pobres: el pan eucarístico, don del amor de Dios, nos mueve a compartir el pan de cada día. El alimento de nuestra fe nos hace ser alimento para los demás, para los pobres; nos hace descubrir la voluntad de Dios: que el pan de cada día sea para todos.

LOS TEXTOS DE HOY

Tanto las lecturas como las oraciones y el prefacio sitúan bien el contenido de la fiesta de hoy. Conviene que los leamos y meditemos antes de la celebración con profundidad. Y mucho mejor si los podemos comentar en grupo, con el equipo de liturgia, por ejemplo, si lo hay. Y que hagamos un comentario que nos ayude a relacionarlo todo con la vida del lugar donde nos encontramos. Así, la preparación misma será imagen de la asamblea eucarística, Cuerpo de Cristo, como nos dice san Pablo: “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”.

OTRAS COSAS A PREPARAR BIEN

Si nuestra comunidad tiene alguna tradición relacionada con la fiesta de hoy (la precesión, la exposición del Santísimo…), no la debemos dejar a la improvisación. Lo tenemos que hacer después de haber pensado bien el sentido de la fiesta y el misterio de fe que celebramos. Así lo enmarcaremos en el conjunto y podremos preparar unas moniciones y oraciones que ayuden a unir la Eucaristía con la Caridad efectiva y con la vivencia eclesial de la fe. No fuera a ocurrir que separásemos el pan eucarístico de aquella mesa alrededor de la cual se sientan los miembros del Cuerpo de Cristo y en la que los más pobres deben poder encontrar alimento.

También debemos preparar bien la Colecta para Cáritas. Es muy importante que unamos bien esta colecta, como cualquier otra, a lo que estamos celebrando. La comunión de bienes siempre es fruto de la comunión en una misma fe. Por eso necesitaremos una buena monición antes de pasar a recoger, que sitúe la colecta en el ofertorio. Y una despedida de la celebración que invite a todos los miembros del Cuerpo de Cristo a dar frutos de caridad a lo largo de la semana que empieza. Si no hay costumbre de hacer la colecta en el momento del ofertorio, igualmente se deberá pensar cómo relacionarlo. Una manera puede ser, igualmente, hacer una explicación en el momento de la presentación de las ofrendas. Y la oración universal también merece una buena preparación. También pueden salir del encuentro de preparación, en el que nos pararemos a pensar en las personas de nuestro entomo que necesitan nuestra ayuda y en las que participan activamente en la distribución de los bienes que comparamos. Y también en la Iglesia, que necesita continuamente el pan de vida.

JOSEP M. ROMAGUERA
MISA DOMINICAL 1999/08/11-12

-LA FUENTE DE LA VIDA SE HALLA EN LA EUCARISTÍA.

La fiesta del Corpus quiere ser un clamor que recuerde a los cristianos y al mundo: la fuente de la vida sólo se halla en Dios que se hace presente por Jesús en la Eucaristía. Hemos escuchado como el Deuteronomio recuerda a los israelitas que sólo el agua milagrosa y el maná -Dios presente y amándolos- les hicieron posible la vida en el desierto. Era el anuncio imperfecto y lejano de la Eucaristía.

Y los cristianos de hoy necesitamos recordar esta verdad, tal vez más que nunca. Porque contagiados del materialismo idolátrico que nos rodea por todas partes, podemos llegar a creer, también, que la vida (la felicidad, la plenitud personal, la seguridad, la paz, la construcción de la propia vida y del mundo) puede fundamentarse sobre nuestra fuerza y nuestro poder, nuestra capacidad de trabajo, la ciencia, la técnica, la sabiduría política, o el poder de las armas y del dinero.

En la fiesta de Corpus, la Iglesia recuerda a sus fieles desde el siglo XIII que sólo en Jesús está la verdadera vida, sólo quien come su carne y bebe su sangre tendrá verdaderamente la vida. y que sólo desde la unidad del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, construida por la Eucaristía, llegaremos al fondo último de la fraternidad humana.

-LA VIDA POR LA EUCARISTÍA. Efectivamente: las palabras que hemos escuchado en el evangelio de san Juan son rotundas: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo… Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros…” Queda muy claro: en la Eucaristía comemos y bebemos la vida. La Eucaristía es la condición de la vida en Jesús. Por nosotros y por el mundo entero: “para la vida del mundo”.

Claro está que no se puede entender la Eucaristía como una especie de fuente mecánica o automática de una vida casi despersonalizada. Sabemos ciertamente que la Eucaristía es la culminación de la vida de la Iglesia y del creyente, al mismo tiempo que su fuente. Comer y beber el Cuerpo y la Sangre del Señor, exige todo un camino previo de aceptación de Jesús como Señor de la propia vida y de decisión humilde y sencilla, pero firme, de querer compartir con El Cruz y Muerte, para poder compartir, también, Resurrección y Vida.

-HERMANOS POR LA EUCARISTÍA. El fragmento de san Pablo que hemos escuchado nos llama la atención sobre una de estas exigencias que constantemente olvidamos, por incomprensible que parezca: la vida de Jesús es, también, vida en los hermanos. Bebemos de un solo cáliz, comemos de un solo pan y, por la vida recibida, formamos un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo.

Es mucho más que una hermandad de raza, de pueblo, de amistad e incluso de sangre humana: es la hermandad vital de los miembros que viven de la misma vida en el mismo cuerpo, alimentados por la misma carne y la misma sangre.

Una hermandad que exige comunión y solidaridad sin fisuras y excepciones. En todo y para todos. Porque todos los hombres, incluso los no creyentes, están llamados por Jesús -¡y esperados!- a participar de la Eucaristía.

No es difícil deducir las consecuencias prácticas -radicales y perentorias- que estas verdades imponen a nuestras vidas, cuando pensamos en los hermanos más pobres y necesitados en el día de Càritas que hoy celebramos.

Todo este misterio de vida y de fraternidad presente en la Eucaristía, es lo que agradecemos, celebramos, veneramos y adoramos en las misas y en las procesiones del día del Corpus.

TEODORO UBEDA
MISA DOMINICAL 1981/12
Obispo de Mallorca

Quien coma de este pan vivirá para siempre

LECTURAS DEL DÍA

1ª. Deuteronomio 8, 2-3. 14-16 : “No te olvides del Señor tu Dios… que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres”.

2ª. Primera carta a los corintios 10, 16-17 : “El pan que compartimos ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo…”

3ª. Evangelio según san Juan 6, 51-59 : “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

CLAVES PARA LA LECTURA

1. La primera lectura recuerda al pueblo de Israel que, durante su Éxodo, Dios había sido su guía providencial en el desierto, y que el maná (su pan material) había caído sobre él como bendición mientras era peregrino en campos de aridez.

Pero, tras recordarlo, el libro del Deuteronomio convierte el hecho del maná en algo enteramente espiritual. La evolución es muy clara, casi de transfiguración.

Y en la liturgia de hoy, dando un paso más adelante, la Fiesta del Corpus nos hace vivir esta idea clave universal: el pueblo peregrino de Dios va siempre acompañado y corroborado por el Señor, que se da a sí mismo en comida, en pan de vida (Jn 6, 33. 41. 51 ss). Quiere decirse que el misterioso maná con que Dios alimentó a su pueblo es símbolo y figura de otro alimento superior.

2. La lectura segunda subraya la componente social de la mesa eucarística.

El sacramento del Cuerpo y Sangre del Señor crea y realiza constantemente a la Iglesia, cuerpo de Cristo.

Mediante la comunión del pan y del vino, que es comunión con el cuerpo y sangre del Señor, constituimos con Él un todo, un solo cuerpo.

El Señor glorificado no es sólo el Señor que acompaña a su comunidad a lo largo del camino. Es también fuente de vida y lazo de amistad, precisamente porque está presente en medio de ella como alimento.

3. En la tercera lectura se nos da la última parte del gran discurso de Jesús sobre el pan de vida (Jn 6).

Jesús ha enseñado que Él es el pan auténtico, como Palabra de Dios (vv 32-33) y como Víctima sacrificada (vv 51-58).

Jesús habla con tal realismo que escandaliza a los judíos (vv 52. 59-61).

El cristiano en la Eucaristía se alimenta de la Palabra de Dios hecha carne y sangre, sacrificadas en la Cruz.

Sólo la participación en la cena eucarística obtiene aquella comunión de vida que Cristo mismo ha ofrecido: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna…, permanece en mí y yo en él” (Jn 6, 54-56). Cristo mismo nos indica el camino.

COMENTARIO TEOLÓGICO

1. Cristo aparece en el sacramento de la Eucaristía como auténtica vida de los hombres. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

2. La Eucaristía es el mejor medio que tenemos para conservar y alimentar nuestra vida divina. Jesús se revela a sí mismo diciendo: “Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá más hambre, y el que cree en mí jamás tendrá sed” (Jn 6, 35). Esto significa que Jesús, en su persona, en sus palabras y en sus obras, es el verdadero pan de vida. Nadie puede tener vida divina si no es por Él y en Él. Por eso el Señor insiste: “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna”(Jn 6, 53-55).

3. El discurso del Pan de vida alcanza su vértice en los versículos 51-59. En ellos se afirma enérgicamente la presencia de Cristo en el “pan de vida”, oponiéndose así a la doctrina de la gnosis (v 48).

4. En esta catequesis eucarística , puesta en boca de Jesús, sorprende la insistencia con que se señala la relación personal de Cristo con cada uno de los creyentes. En cambio, a penas se insinúa (cuando habla de la Eucaristía como rito de la comunidad) la función eclesiológica-social de la Eucaristía, rasgo al que hoy se le da mucha importancia.

5. El pueblo cristiano ha de ir, por tanto, peregrinando a través del mundo con la conciencia clara de estar continuamente alimentado y corroborado por el pan eucarístico. Cristo es el verdadero Moisés, el que no ofrece sólo “el pan de vida” sino a sí mismo que encarna el pan de vida. El pueblo de la Nueva Alianza no sólo va peregrinando hacia la tierra prometida sino que se encuentra en el país de la promesa cumplida y posee la vida eterna (Jn 6, 54).

CONCLUSIÓN

Así como en el Antiguo Testamento el Señor estaba presente en medio del pueblo, bajo la figura de una nube o del Arca de la Alianza , así Cristo eucarístico nos recuerda al Señor presente entre nosotros y compañero de viaje.

La procesión del Corpus es la expresión visible de la Iglesia peregrina que camina hacia el gran día del Señor.

Además, en este caminar Cristo permanece siempre con nosotros, como verdadero Emmanuel. De ese modo la procesión del Corpus asume un tono bíblico, eclesiológico y escatológico.

Hagamos que nuestra vida, alimentada por la Eucaristía, se muestre tan rica como lo reclama la participación en la Mesa de la Palabra y del Sacrificio.

Fray José Salguero, op
Convento de Ntra. Sra. de Las Caldas

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