Oraciones Frassinettianas
Se San santo
Señor, yo pongo en tus manos todo mi ser:
alma, cuerpo, salud y vida;
y cuanto me has dado en este mundo,
sin reservar nada para mí.
De mí y de mis cosas haz Tú lo que quieras,
yo no quiero otra cosa que tu amor, tu gracia y tu voluntad.
Amén
Padre divino, en nombre de Jesucristo,
yo te pido que me concedas la gracia de hacerme santo.
No necesito otra gracia; quiero esta cueste lo que cueste,
y la espero de tu bondad firmemente,
ya que Jesús mismo me aseguró que Tú me escucharías.
Amén
Tú, Señor, perdona mis pecados y borra todas mis maldades.
Enséñame a hacer tu voluntad.
Dame un espíritu bueno,
ponme junto a ti.
No permitas que me separe de ti.
Cuídame como la pupila de tus ojos.
Sin ti, polvo y ceniza como soy, no puedo hacer nada.
Yo en tu nombre, confiando en tu gracia,
propongo no reservarme nada para mí,
sino el perfecto cumplimiento de tu ley,
abrazado a tu Santa Cruz.
Por eso nada te pido para mí,
ni los bienes, ni la vida, ni la muerte.
De esta manera que haya concordancia entre tu voluntad y la mía.
En mí y en todos esté presente tu misericordia, ahora y por la eternidad.
Amén
Señor, Tú quieres que voluntariamente me ofrezca a ti para hacerme todo de ti.
Yo te ofrezco a mí mismo con todas mis potencialidades, inteligencia, memoria y voluntad;
ofrezco mi cuerpo con todas sus fuerzas, y con todos sus sentimientos;
te ofrezco mi salud y mi vida.
Te ofrezco todo lo que poseo en este mundo, para que hagas de mí y de mis cosas lo que te parezca mejor,
en cambio te pido me concedas la gracia de que mi existencia y todas mis cosas sirvan solamente para darte alegría, honor y gloria.
Amén
Jesús Sumo y Eterno Sacerdote, que fuiste exaltado con la palabra, con los escritos, y sobre todo, con una vida verdaderamente sacerdotal por el Venerable Padre José Frassinetti, escucha benigno nuestra oración.
Te pedimos insistentemente que, por los méritos de la Virgen Inmaculada, por quien él tuvo especial devoción, por el gran amor que él demostró por ti Sacramentado, por el celo laborioso que él desplegó, te dignes glorificar a tu siervo con los honores de los altares, si es para tu mayor gloria.
Mientras tanto te pedimos humildemente por su intercesión, la gracia que tanto necesitamos (pídase la gracia en silencio).
Te pedimos Señor, que sigas bendiciendo y enriqueciendo a tu Iglesia con los dones de tus vocaciones; te pedimos que sean muchos los que escuchen tu voz, y sigan alegrando a tu Iglesia con la generosidad y fidelidad de sus respuestas.
Amén
℣. María, Madre de la Iglesia
℟. Ruega por nosotros
Virgen Piadosa – dulce María
de las creaturas – la más perfecta
de Dios y a los Ángeles – la más preciada
nuestro consuelo – luz y esperanza
vida, salud – gozo y alegría
Tú la más pura – la Inmaculada
tú la más rica – la más hermosa
la Admirable – la más gloriosa
la más fiel – la poderosa
la más amable – la más clemente
Acoge, ruego – el corazón
Madre querida – del amor puro
Virgen piadosa – dulce María
Amén
Reza un Ave María al final de cada contemplación celestial de gozo.
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1
Alégrate, oh esposa del Espíritu Santo, por la alegría que disfrutas en el Paraíso, mientras que por tu pureza y virginidad eres exaltada por sobre todos los coros celestiales. Ave María.
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2
Alégrate, oh, verdadera Madre de Dios, por esa gloria que disfrutas en el Cielo, porque, así como el sol ilumina todo el mundo, Tú con tu esplendor adornas y haces resplandecer todo el Paraíso. Ave María.
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3
Alégrate, oh, hija de Dios, por aquel honor que te tributa el Paraíso mientras, todas las jerarquías de los Ángeles, Arcángeles, Tronos, Dominaciones y todos los espíritus beatos te veneran y reconocen como Madre de su Creador, y son obedientes a cada mínima petición tuya. Ave María.
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4
Alégrate oh, nobilísima Sierva de la Santísima Trinidad por aquella alegría que gozas en el Paraíso, porque, todas las gracias que pides a tu Divino Hijo te son concedidas inmediatamente, así, como dice San Bernardo, no se concede ninguna gracia aquí en la tierra, que no pase primero por tus santísimas manos. Ave María.
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5
Alégrate, oh, serenísima princesa porque solo Tú mereciste sentarte a la derecha de tu Santísimo Hijo, el cual se sienta a la derecha del Padre Eterno. Ave María.
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6
Alégrate, oh, esperanza de los pecadores, refugio de los atribulados, por aquella gran alegría que gozas en el Paraíso, porque todos aquellos que te alaban y te veneran, son premiados por el Padre Eterno, en este mundo con su santa gracia, y en el otro con su santísima gloria. Ave María.
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7
Alégrate, oh, Madre y Esposa de Dios, porque todas las gracias, todos los gozos, alegrías y favores que ahora gozas en el Paraíso, ya nunca disminuirán, sino que aumentaran hasta el día del juicio y duraran por la eternidad. Ave María.
Te acompañamos, Virgen de los Dolores. Reza un Ave María al final de cada dolor contemplado.
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1
Te compadecemos, oh dolorosa María, por aquellas aflicciones por la que tu tierno Corazón sufrió por la profecía de Simeón. Querida Madre, por tu santo Corazón tan afligido, intercede para que recibamos la virtud de la humildad y el don del santo temor de Dios. Ave María.
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2
Te compadecemos, oh, dolorosa María, por aquellas angustias que tu sensibilísimo Corazón sufrió en la fuga y estadía en Egipto. Querida Madre por tu Corazón tan angustiado intercede para que recibamos la virtud de la generosidad, especialmente hacia los pobres, y el don de piedad. Ave María.
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3
Te compadecemos, oh, dolorosa María, por aquellas preocupaciones que tu solicitado Corazón sufrió en la pérdida de tu querido Jesús. Querida Madre por tu Corazón tan preocupado, intercede para que recibamos la virtud de la castidad y don de ciencia. Ave María.
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4
Te compadecemos, oh, dolorosa María, por aquella consternación que tu materno Corazón sintió al encontrarse con Jesús cargando la Cruz. Querida Madre por tu amoroso Corazón atribulado intercede para que recibamos la virtud de la paciencia y el don de fortaleza. Ave María.
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5
Te compadecemos, oh, dolorosa María, por aquel martirio que tu generoso Corazón sostuvo al asistir a Jesús agonizante. Querida Madre por tu Corazón tan martirizado intercede para que recibamos la virtud de la templanza y el don de consejo. Ave María.
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6
Te compadecemos, oh dolorosa María, por aquella herida que tu piadoso Corazón sufrió cuando la lanza atravesó el Corazón de Jesús, hiriendo su amabilísimo Corazón. Querida Madre por tu corazón tan traspasado intercede para que recibamos la virtud de la caridad fraterna y el don de inteligencia. Ave María.
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7
Te compadecemos, oh, dolorosa María, por el espasmo que tu amabilísimo Corazón experimentó durante la sepultura de Jesús. Querida Madre por tu Corazón tan sufriente intercede para que recibamos la virtud de la diligencia y el don de sabiduría. Ave María.
